jueves, 2 de abril de 2015

'Eterno', por Christian Martinoli para Diario Récord.


Caminar por Roma, es pisar historia, es respirar profundo los aires de un lugar lleno de fuerza, es saber que algo grande pasó ahí, es sentir poder; porque desde ese sitio, los que pasaron dominaron lo que conocían del mundo a su estilo, con sus formas, excesos, locuras, pasiones, leyes y creencias, porque Roma era todo y nada. Era la silla máxima, rodeada de envidias y banalidades. Con el oro en la mesa y con un pueblo desordenado del otro lado de la puerta. En Roma se daba el primer discurso y se dictaminaba la última palabra; en Roma se controlaba todo bajo "Panem et circenses" (Pan y circo).

En la actualidad las calles empedradas nos llevan por laberintos y callejones interminables. Sus encantadoras plazas son un bálsamo ante el avispero de motocicletas que inundan la Cittá. Sus fontanas son demoledoras al ojo de cualquiera y en verano, las fuentes públicas menos ostentosas, regalan el agua más fresca que se pueda encontrar por toda la costa tirrena.

En realidad Roma ha cambiado poco, por eso es tan visitada y venerada.

Porque más allá de sus monumentos, ruinas, reliquias, iglesias y demás, la estructura romana sigue siendo la misma. Por la capital italiana, en una misma vereda, se puede tener sentado delante de un Maserati a un vagabundo pidiendo dinero con un perro hambriento a su lado y metros después ver las vitrinas de Bvlgari, Gucci, Ferragamo y Prada para terminar con una pizzería en la esquina que vende rebanadas por dos euros, mientras al mismo tiempo, un policía ‘modelo' se saca fotografías con las turistas japonesas enfrente de su patrulla prototipo, Lamborghini.

Roma es incompresible, aunque muchos aseguran que si uno logra entenderla, entonces descifrará lo que es el orbe.

Francesco desde los nueve meses caminaba y su familia lo llevaba a Civitavecchia, el famoso puerto que se ubica a poco más de media hora del Coliseo. Las primeras imágenes que muestra en video su orgulloso padre Enzo, lo tienen al bambino pateando como puede una pelota que casi lo rebasa.

En casa de los Totti, a Ricardo y Francesco, su progenitor, un fanático del Calcio, sólo les hablaba de las bondades de la Roma y de todo lo que debe detestar de la Lazio.

"Los colores del Imperio, son los colores de nuestra camiseta", les gritaba a sus hijos. "El escudo de la ciudad lo llevamos en el corazón cada fin de semana", les decía con vehemencia, y es que Francesco y su hermano, así como su padre, no sólo son italianos, sino que son ‘Romani di Roma', calificación jerárquica que sólo pueden poseer todos aquellos nacidos en la capital, pero que por lo menos tengan tres generaciones más bajo el mismo parámetro. Francesco es la séptima procreación de su apellido dentro de las siete colinas de Roma.

Estudiante no muy comprometido, callado y discreto, así lo recuerdan sus amigos de Porta Metronia, el barrio que lo vio crecer y que está a menos de dos kilómetros del Circo Massimo, el parque público donde iban de niños a jugar y que en la Antigua Roma tenía capacidad para 300 mil espectadores que asistían a ver carreras de carros y otros espectáculos.

Fiorella, la madre, vio que a Francesco el balón lo seducía mucho y todos los días cruzaban el río Tíber para que jugara en el popular distrito de Trastevere. Ahí los dos grandes equipos de la ciudad le lanzaron la invitación para que formara parte de su programa de fuerzas básicas, pero estaba claro que Francesco y su familia tenían tomada la decisión.
Enzo le habló miles de veces sobre los goles de Manfredini, la jerarquía de Capello, la fuerza de Voeller, los desbordes de Conti, la calidad de Ancelotti y la clase de Falcao; sin embargo, él sólo pensaba, veía y quería ser como su gran ídolo, Giuseppe Giannini.

Un 10 clásico, de gran pegada, buena técnica y con ese tan romano estilo de arrebato que lo hicieron figura de la selección italiana que terminó como semifinalista del Mundial 90.
A los 16 años, Totti debutó con la ‘maglia giallorossa'; "yo sólo quería jugar al lado de Giuseppe, lástima que el día que me metieron contra Brescia, él ya había salido, lo bueno es que después estuve tres años a su lado", le contó al diario La Reppublica.

El fuerte temperamento, la clase de su juego, el disparo de media distancia y la descomunal convicción lo hicieron en muy poco tiempo un referente del plantel. Incluso Aldair, el defensa brasileño campeón del mundo en el 94, fue quien le cedió el gafete de capitán. "Una vez que se fue Giannini del equipo, se hizo una votación entre los compañeros, me eligieron a mí para ser el capitán; sin embargo, vi que el futuro del club y los valores de la entidad los tenía Francesco, por eso le ofrecí la cinta". A los 20 años Totti ya era Capitano y número 10 de su amada Loba.

‘Tetraquartista' como Del Piero; es el cerebro del ataque, líder de su escuadra, emblema de la Curva Sur del Olímpico. Totti, un viejo romántico del futbol que ha vestido la misma camiseta durante 22 años de carrera. "Pude irme al Real Madrid, al United y al Milan, pero decidí quedarme, porque amo esta ciudad, a este equipo y a esta gente. Soy de aquí y no hay mejor lugar en el mundo. Sé que al no irme y quedarme en la Roma, me faltó publicidad para ganar el Balón de Oro, porque quitando a Messi, nadie fue mejor que yo", le contó a Canal Plus.

Su único castigo ante tanta fidelidad, ha sido la propia popularidad, "hace 20 años que no puedo ir al centro de la ciudad a caminar y disfrutar todo lo que me hace orgulloso de ser romano; no puedo andar un metro sin que alguien me pida una foto, hasta los de la Lazio quieren autógrafos".

Sus tiros libres son de porcelana, se ha cansado de tirar tacos en todas las canchas de la Península; ha marcado goles desde todos los ángulos y le encanta pegarle de volea, aunque la especialidad de la casa es el ‘cucchiaio' (cuchara). La hace sobre la marcha para bombear al portero o desde el manchón penal a lo Panenka.

Su más famoso cobro de cucchiaio, se lo endosó a Van der Sar en una infartante tanda de penales contra Holanda. Se jugaban las semifinales de la Euro del 2000 y en el medio campo, otro capitalino, Luigi Di Biagio le confesó al 10 su temor por la altura del portero holandés, a lo que en desfachatado romanesco (lengua regional) le contestó "Nun te preoccupá, mo je faccio er cucchiaio" (No te preocupes, yo le hago la cuchara). Esa frase se hizo famosa luego de conocida la anécdota.

Italia perdió la final con Francia, pero seis años después tomaron venganza en el Mundial de Alemania. "Ser campeón del mundo es algo grande, pero mi más preciado sueño es ser campeón de la Champions con la Roma, es difícil pero no imposible", le afirmó a la RAI.
Junto a Montella y Batistuta conformó un tridente espectacular que consiguió la hazaña de ganar el Scudetto, tras golear en el Olímpico al Parma. "Ese es el día más importante de mi vida deportiva. La gente invadió el campo antes de que terminara el juego, nos sacaron la ropa. Fue increíble".

Sólo Silvio Piola, gran figura de Lazio está por delante de él en la tabla histórica de goleadores. Son 240 los que ha podido marcar por 275 del mítico delantero que comenzó su carrera con el Pro Vercelli.

El lado oscuro en el campo nos dice que Francesco se cabeceó con Verón, pisó descaradamente a Ramelow, le escupió a Poulsen, maltrató a Zauri y se metió en un sinfín de dimes y diretes con rivales, árbitros, periodistas y directivos.

Sus detractores lo tachan de inculto: "sólo leí en mi vida El Principito, me gustó; los demás libros los empiezo pero me aburren rápido por eso no los termino".
En Italia se cuentan centenares de chistes que se burlan de Totti, a quien describen como un tipo bobo. Francesco los recopiló, publicó dos libros y las ganancias las cedió para la caridad.

No hay futbolista italiano que haya asistido a más hospitales, orfanatos, asilos y eventos de beneficencia que Francesco. "Me gusta ayudar a los que menos tienen".
Hombre devoto como buen romano, un chico que de pequeño fue monaguillo en la iglesia y que le hubiera gustado trabajar en una gasolinera. "Soy creyente y católico, soy romano. De niño no crecía, tenía 12 años y por más que veíamos doctores mi cuerpo no crecía, me decían gnomo. Recé mucho, un día me estiré, quizá fue el destino pero yo creo que fue Dios.

Todas las noches hago mis oraciones". Para el símbolo histórico de su club el dinero ya no es importante, gana tres veces menos que el mejor pagado de la institución, su amigo Daniele De Rossi, tiene contrato hasta 2016 y se negó a jugar en Qatar "hace mucho calor", dijo.

Francesco, un hombre de costumbres y tradiciones muy arraigadas "si uno de mis hijos de mi dice que es Laziale (aficionado de la Lazio) no entra más en mi casa".
"Pude irme a otro club, tener más títulos y más dinero, pero soy feliz y además gané una apuesta conmigo mismo", es la frase que resume a un Romani di Roma, que además es romanista (fanático de la AS Roma).

Amamantado como Rómulo y Remo, nadie lleva con tanto orgullo el escudo de la Lupa Capitolina como él. Fuerza de gladiador, presencia de Centurión, estirpe de Patricio, liderazgo de Emperador, todos romanos, como él, todos en uno, todos en Totti.

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